El viernes pasado, una serie de casualidades hizo que me dirigiera a la Biblioteca Sarmiento para ver un grupo de percusión. Mientras esperaba a una señorita que aceptó acompañarme –los colectivos son crueles en esta ciudad, sólo un loco saldría de su casa una hora antes para recorrer seis kilómetros y llegar a tiempo-, me enteré de que se trataba de una presentación de Cre-arte, un centro educativo cultural para personas con discapacidad, o con capacidades diferentes. Finalmente la dama llegó y entramos a la sala.