(Extracto del libro "La improvisación en la vida y en el arte", de Stephen Nachmanovitch)
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“La creación de algo nuevo no se realiza con el intelecto sino con el instinto de juego que actúa por necesidad interna. La mente creativa juega con el objeto que ama”.(C.G.Jung)
La improvisación, la composición, la escritura, la invención, todos los actos creativos son formas de juego, el lugar de comienzo de la creatividad en el ciclo de crecimiento y una de las funciones primarias de la vida. Sin el juego el aprendizaje y la evolución son imposibles. El juego es la raíz de donde surge el arte; es la materia prima que el artista canaliza y organiza con todo su saber y su técnica.
La técnica misma surge del juego, porque solo podemos adquirir la técnica por la práctica de la práctica, experimentando y jugando persistentemente con nuestras herramientas y probando sus límites y sus resistencias. El trabajo creativo es juego; es especulación libre usando los materiales de la forma que uno ha elegido. La mente creativa juega con los objetos que ama. El artista plástico juega con el color y el espacio. Los músicos con el sonido y el silencio. Eros juega con los amantes. Dios juega con el universo. Los niños juegan con todo lo que cae en sus manos.
El juego es ubicuo entre los mamíferos superiores y rampantes entre los monos y los simios. Entre los humanos, como señala Johan Huzinga en Homo Ludens, el juego domina en todas las facetas de nuestra vida y ha proliferado en todo tipo de formas altamente evolucionadas, como el ritual, las artes, los asuntos de Estado, los deportes y la civilización misma. “Pero al reconocer el juego”, escribe Huizinga se reconoce la mente, por que sea lo que fuera el juego, no es materia”
El juego es siempre una cuestión de contexto. No es lo que hacemos, sino como lo hacemos. El juego no puede definirse, porque en el juego todas las definiciones resbalan, bailan, se combinan, se hacen pedazos y se recombinan. La actitud de juego puede ser traviesa o extremadamente solemne. Cuando los trabajos más exigentes se acometen con un espíritu de trabajo festivo, son juegos, En el juego manifestamos formas nuevas, interactivas, de relacionarnos con la gente, los animales, las cosas, las ideas, las imágenes, nosotros mismos. El juego vuela frente a las jerarquías sociales. Juntamos elementos que antes estaban separados. Nuestras acciones adoptan secuencias novedosas, Jugar es y expandir nuestro campo de acción. Nuestro juego estimula la riqueza de respuesta y de flexibilidad de adaptación. Este es el valor evolutivo del juego….el hecho de que nos hace flexibles. Al reinterpretar la realidad y producir algo nuevo, evita que permanezcamos rígidos. El juego nos permite reordenar nuestras capacidades y nuestra identidad misma para poder usarlas en formas imprevistas,
Juego es el espíritu de exploración en libertad, hacer y ser por puro placer.
El juego es una actitud, un espíritu, una forma de hacer las cosas.
[…] El juego hace lo que hace. Como Lila o la creatividad divina de los hindúes, el arte es un don, viene de un lugar de alegría, de autodescubrimiento, de conocimiento interno.
En el reino de los mitos y los símbolos, el espíritu del juego está representado por una serie de arquetipos, el loco, el graciosos, el niño…El loco es una antigua imagen del Tarot en nuestra cultura, es el número 0 en la baraja, que representa la potencialidad pura…
La musa más potente de todas, es nuestro niño interno. El poeta, el místico, el artista continúan toda su vida en contacto con el niño, el yo que todavía sabe jugar.
La improvisación como experimento lúdico, en el arte, es la recuperación en cada uno de nosotros de la mente salvaje, de nuestra mente original...y esta recuperación está al servicio del self total…la expresión del sí mismo.
Jugar…es en el juego y solo en el juego que el niño o el adulto como individuos son capaces de ser creativos y de usar el total de su personalidad, y solo al ser creativo el individuo se descubre a sí mismo.